4/4/12

UNA BONITA HISTORIA

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El viejo Serguei nació al Sur de la rivera oriental del Volga, cerca de la región del Cáucaso. Como su padre, y los padres de su padre, y antes los padres de estos, Serguei había dedicado su vida a transformar la madera, era carpintero.
Cada semana, salía a recoger la madera necesaria para sus jornadas de trabajo. La seleccionaba de forma precisa, y de una sola ojeada sabía para qué podría ser utilizada. Aquella noche había caído una abundante nevada. Sin embargo, cuando los primeros rayos perezosos de sol comenzaron a despertar, y pese al frío que helaba hasta el aliento, Serguei salió de la cabaña y recorrió lentamente el camino hacia el bosque. El suelo y las hojas de los árboles aparecían completamente pintados por la inmaculada nevada y aún incluso los rayos del sol, que empezaban a despuntar, reflejaban y lo deslumbraban con su luz blanquecina.


Serguei recorrió un largo camino y no encontró más que pequeños maderos y troncones que, como mucho, le servirían para azuzar la estufa de la casa. Aquel no parecía que fuero a ser un día productivo porque los empleados de los grandes aserraderos no habían dejado ningún tronco olvidado o podrido. De pronto, en un claro del bosque, Serguei se fijó en un montón de nieve que sobresalía en el llano. Se acercó y al agacharse vió el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera, blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos, y del grueso del tronco surgía un halo de vida, casi tan intenso como el de los oseznos al nacer. Serguei cogió el tronco con todas sus fuerzas y lo llevó a casa. Una vez allí no supo que fabricar con él, pero sabía que sin duda tenía que ser algo muy especial. Días después, y obsesionado con aquel tronco, decidió que fabricaría una muñeca. Se puso manos a la obra y tras una semana de duro trabajo, se sintió tan orgulloso que decidió guardarla consigo y no ponerla a la venta... para que lo acompañara en su soledad. Le puso el nombre Matrioska.


Cada día se levantaba y saludaba cortésmente antes de iniciar sus tareas: - Buenos días Matrioska. De pronto, una mañana un ténue sonido le respondió: - Buenos días Serguei.
Maravillado, se acercó a la muñeca para comprobar que era ella quien le hablaba y no su imaginación. Desde aquel día vió acompañada su soledad por la pequeña Matrioska, que era un pozo de palabras y risas, y lo distraía y alegraba en su trabajo diario. Eso sí, Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpinteo y muñeca, estaban sólos.


Una mañana Matrioska despertó muy triste, Serguei se dió inmediatamente cuenta y, tras mucho rogarle, Matrioska, un poco avergonzada, le explicó que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos...
-Incluso tú (apuntó Matrioska) me tienes a mí, pero yo también querría tener una hija. 
-Pero entonces (respondió Serguei) tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti, y sería doloroso y nada fácil. 
-Ya sabes (respondió la dulce Matrioska) , en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños sacrificios.


Así fue como el viejo Serguei abrío a Matrioska y extrajo cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska.


Desde aquel día, cada mañana las saludaba y ellas contestaban al unísono.


Ocurrió que también Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que Serguei extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más pequeña, a la que puso por nombre Oska. Al cabo de un tiempo también Oska quería tener su propia hija, pero al abrirla se dió cuenta de que sólo quedaba un mínimo pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaña de un garbanzo. Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el viejo Serguei tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole: -Mira Ka, ... tu tienes bigotes. Eres un hombre, así que recuerda, no puedes tener un hijo o hija dentro de tí. Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Osca. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska.


Y esta es la historia de Serguei y su muñeca Matrioska. Un día Matrioska desapareció y nunca la han vuelto a encontrar. Estará en alguna tienda de antigüedades o en la estantería de alguna vieja librería. Si la encuentran no duden nunca en darle el mayor cariño, porque ella no dudó en hacer el mayor de los sacrificios por alcanzar algo tan importante como la maternidad.


Y colorín colorado....este cuento se ha acabado.

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